2.5.08

Amanecer en Io

No puedes mentirte . . .
Algo viste.
Algo que te saco de la normalidad y te hizo voltear.
Algo que sacudió tus pensamientos.
Algo que paso al lado tuyo, y contra todo el orgullo que tienes y que te obliga a mantener la cabeza erguida, como una estatua de sal, como las gárgolas de piedra cuya mirada tan solo conoce una diana. Volteaste la cabeza.

Tu reacción fue demasiado lenta. Cuando finalmente te animaste a mirar no lograste ver ya nada.



-----------------------------------------------------------------------------------------Algo vi.

Por el pasillo de la casa llega corriendo el niño. Entrecortada la voz, y la cara ahogada en lagrimas. En las mangas de su camisita blanca, que de tan pequeña podría pasar por la camisa para vestir un juguete, se pueden medir las marcas de sus lagrimas.

Mamaaaaaaaaaaaa grita justo antes de pegar el rostro en la pierna de la madre

Y la madre sostiene el aliento. El verlo así lo pone mas triste de lo que cualquier otra cosa podría entristecerla. Siempre que sucede, siempre que el desconsuelo del hijo es mas grande que el de la madre, piensa lo mismo: “que egoístas somos al querer tener un hijo”

Egoísta por partida doble. Porque ni siquiera quería un hijo. Quería una hija. Por que siempre soñó con tener una niña que se llamara Claudia. Una niña que no correspondiera al arquetipo de la feminidad: que no llorara, que fuera tan orgullosa que jamás bajara la cabeza, ni siquiera para pensar ...

Regresa a la realidad. A la imagen del niño abrazándola de la cintura, clavándole las uñas. Esta pálido de miedo. Cuando lo ve así, siente tanto pesar que la cicatriz que corre desde en medio de sus piernas parece llorar y doler de tanta tristeza.

Le levanta la cara poniéndole dos dedos debajo del mentón. El niño se calma en un instante, como si verla a los ojos fuera bálsamo para su desconsuelo. Y en verdad lo es, de muchas formas. Tirado en el pasillo, debajo de un mueble que solo sirve para sostener un florero, ve que un grueso libro fue arrojado a medio leer. En las paginas que quedaron abiertas puede verse un dibujo de un paisaje desolador: un espacio yermo, donde un gran lago congelado se extiende desde el punto de vista hasta el horizonte en donde queda rematado por espantosas montañas de hielo que parecen apuntalar con sus afiladas cumbres un cielo oscuro en una noche que tuviera cientos de años sin ponerse y en donde las estrellas tintinean suavemente demostrando la inconformidad que sienten por brillar para esa parte del universo como si el brillo que le dan a ese panorama fuese forzado.


La madre ríe con la sugerencia que le hace su mente: “brillar sin ganas”.

Mama, no quiero ir a Io.

Y por que piensas que vas a ir a ese lugar?

Por que en el libro dice que en muchos muchos años vamos a morir. Y nuestros cuerpos serán parte del polvo que esta en nuestro sistema solar. Y cuando estemos ahí, el Sol empezara a crecer y crecer, y hacerse una enorme bola de fuego que va a quemarnos a todos, sin importar que estemos vivo o muertos. Y luego de eso lo que quede vivo va a congelarse...

La madre sonríe. Pensó que seria algo mas complicado de explicar, pero para este caso la respuesta es fácil:

Faltan mucho años para eso...

Los ojos del niño se vuelven dos grandes círculos que parecen enormes lunas heladas con un eclipse que las parte por la mitad.

Mama, no quiero ir a Io.

Yo no dejare que te vayas

Mama, no me gusta cuando me dices Claudia




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Todas la mañanas me levanto con un dolor en las manos. Es el dolor del frío. Y digo me levanto con una exactitud que me apesumbra, por que hace muchos años que no logro dormir. Ahora mismo quisiera decir “todos los días me despierto con las manos dolorosas” pero no seria cierto por que para eso tendría que dormir primero y lo cierto es que no acostumbro hacerlo. No importa, puede ser mucho peor. En otra ocasión, me lamentaría el no poder dormir, en especial esos días cuando de pronto un perro de color naranja con relámpagos a lo largo de su lomo pasa corriendo al lado mío. Es el precio del perpetuo insomnio. Con el tiempo te acostumbras, y dejas de prestarle atención a esas cosas, por que no es tan difícil diferenciar entre algo que esta ocurriendo de verdad y algo que se esta alucinando. Pero si estas muy cansado no es tan fácil distinguirlo y eso puede traer muchos problemas. Pero con todo lo desagradable que pueden ser las alucinaciones, el mayor problema es el del frió. Una alucinación no puede llegar derribar tu puerta y de un manotazo dejarte postrado en el suelo sin esperanzas de levantarte jamás. Pero el frío si. Y lo intenta cada que puede. Hoy es una bella mañana por que no hay tanto frío y el viento no esta soplando tan fuerte como casi todos los demás días. Así que salgo a ver el paisaje que me gusta ver, todas las mañanas desde el día, ya muy lejano ahora en que llegue aquí.


Es la Tierra, a medio iluminar, desde el extremo de este lago congelado, dibujada justo por encima de las altas montañas siempre nevadas que dominan el horizonte y que por lo agudas parece que algún día terminaran por cortar la tela del cielo.

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