21.7.07

una nueva historia

Lo que leerán durante las próximas albas es la historia de Ret, un soldado que vivió durante las Guerras Ultimas. Para los que ya no recuerdan esta época de gloria, estas guerras fueron las que dividieron la historia de la humanidad en dos: la mitad exacta en la progresión de la raza humana. Se llamaron Ultimas por que los conflictos posteriores ya no significaron un sufrimiento, sino que para el ser simbolizaron el primer atisbo dentro de si mismo, el momento exacto en que dejo de culpar a los demás de su propia desgracia, y tomo la responsabilidad entera de las historias que las continuaron.

La historia comienza con la resurrección de Ret, una practica que aunque a nuestros ojos parezca aberrante, era de uso común entre las personas de aquella época. Las condiciones para que se diera variaban según las características de la persona a la cual se le intentara conducir de nuevo a la vida: hay que mencionar que no siempre se lograba un buen resultado, y las victimas de estos procedimientos errados, aunque biológicamente vivas, quedaban mutiladas de las habilidades básicas para concretar una existencia normal: uñas y cabellos jamás les volvían a crecer, y las arrugas y manchas que habían adquirido sus cuerpos durante el tiempo que fueron cadáveres jamás cambiaban. Los vivos y los vivos por segundas o terceras, incluso cuartas ocasiones, se compadecían de ellos y los trataban como viejos parientes a los que tuvieran mucho tiempo sin ver, los recibían en sus casas con todos los honores, les procuraban regalos y los vestían y adornaban con accesorios lujosos. Es por esto que a esa era se le conoce como la del culto a la casi-muerte.

Los que lograban regresar a la vida sin contratiempos, eran llamados héroes durante una celebración que precedía a su resurrección, pero después se les integraba rápidamente a las actividades diarias, sin ningún reconocimiento ni distinción. Se les devolvía sus casas de vidas pasadas, junto con esposas y posesiones, sin importar el tiempo que llevaran desaparecidos y los nuevos dueños que hicieran uso de ellas. De esta manera la población iba en aumento constante, y la gente comenzó a procrear hasta su segunda, incluso tercera resurrección.

Ret siempre fue tratado con especial afecto antes y después de su única resurrección, ya que fue procreado durante la primera vida de su madre, lo cual era considerado como un acto de especial valentía. Sin embargo, poco tiempo después de su nacimiento su padre fue muerto durante una de las campañas de guerra, y su cuerpo quedo en tan mal estado que se juzgo inútil el intentar reanimarlo. Eso era algo que también lo distinguía de los demás, el que no compartiera su vida con parientes de varias generaciones atrás y delante. Otra cosa que lo llevo fuera de la normalidad es que a pesar de que en todos los aspectos el proceso de reanimación había obrado en forma correcta, tenía una especie de amnesia por su vida pasada, que decía recordar muy bien, pero como encerrada en el mismo bloque, sin poder extraer un recuerdo unitario. El proceso reanimatorio producía por lo general, la perdida total de la memoria de hechos ocurridos días antes del fallecimiento, pero no de la manera en que Ret lo manifestaba. La causa de su muerte no era conocida: su cadáver simplemente apareció cierto día en un yermo, donde solía ir en excursiones solitarias, pero como la solución era rutinaria no se cuestionaron las circunstancias. Aun con todo fue juzgado apto para formar parte de la porción del ejército que su pueblo ofrecía a las fuerzas de la región, pero toco en suerte que el proceso fuera efectuado por un regimiento de insurrectos, cuya desobediencia a los altos mandos fue el hecho que marco el fin de estas guerras.

Los ejércitos eran demasiado numerosos, lo que obligaba la creación de infinidad de jerarquías y con ellas los beneficios que diferenciaban a cada una. Los más altos mandos, cansados ya de una guerra cuyo fin no se vislumbraba en la historia próxima, preferían disfrutar de las comodidades que les daban sus rangos, dando órdenes absurdas cuyo fin era lograr su permanencia en esos sitios privilegiados. Las escaramuzas eran pocas e imprecisas: pocos eran los que aceptaba el haberse encontrado con uno de los enemigos, que eran conocidos por los mitos públicos como arañas de humo, ya que durante las peleas se podía distinguir, si estas eran miradas desde lejos, una capa como de tela de araña sobre los combatientes, y un humo entre azul y gris que comenzaba a bajar sobre los ejércitos humanos, causando las bajas de la mayor parte. Los sobrevivientes eran retirados, homenajeados, y en general, tratados de la misma manera como se les trataba a los resurrectos imperfectos. A los demás se les resucitaba, siempre y cuando no representaban un esfuerzo extraordinario.

Las personas más viejas, o con mas resurrecciones, habían nacido en etapas muy avanzadas de la guerra, de manera que era una parte inseparable de sus vidas. Los mandos preparaban los festejos por el aniversario quinientos, pero era una cifra muy arbitraria, e incluso ellos habían perdido la capacidad de explicar el origen y la finalidad de la pelea. La ociosidad que hedía entre los niveles más bajos del ejército, provoco que unos cuantos analizaran las decisiones de guerra a través de todos los métodos conocidos en ese entonces, numéricos y sicológicos, que eran muchos. No se logro encontrar la mínima cordura, y aceptaron que eran arrastrados por azar hacia su muerte, sin importar que fuera segunda o primera o cuarta. Decidieron que investigarían un poco más, pero no se ponían aun de acuerdo en los métodos. En realidad no sabían siquiera sobre que es lo que querían saber más, pero después de la resurrección de Ret encontraron un rumbo para su anuencia.

Algunos hechos fuera de lo común relacionados con la fiesta de resurrección de Ret son los que nos permiten saber como comenzó esta historia.